martes, 30 de junio de 2026
Martes de la 13a semana del Tiempo Ordinario
Matthew 8:23-27
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Primera lectura
Amos 3:1-8,4:11-12
Escuchen esta palabra que el Señor ha pronunciado contra ustedes, hijos de Israel, contra toda la familia que hice subir de la tierra de Egipto, diciendo: «Solo a ustedes he elegido de entre todas las familias de la tierra. Por eso los castigaré por todos sus pecados».
¿Acaso caminan dos juntos, sin haberse puesto de acuerdo? ¿Rugirá el león en la espesura, cuando no tiene presa? ¿Gritará el cachorro de león desde su guarida, si no ha atrapado nada? ¿Caerá el ave en la trampa sobre la tierra, donde no se le ha tendido lazo? ¿Saltará la trampa del suelo, cuando no hay nada que atrapar? ¿Sonará en la ciudad la alarma de la trompeta, sin que el pueblo se atemorice? ¿Sucederá una desgracia en una ciudad, sin que el Señor la haya causado?
Ciertamente el Señor Dios no hará nada, sin revelar su secreto a sus siervos los profetas. El león ha rugido. ¿Quién no temerá? El Señor Dios ha hablado. ¿Quién podrá dejar de profetizar?
¿Rugirá el león en la espesura, cuando no tiene presa? ¿Gritará el cachorro de león desde su guarida, si no ha atrapado nada?
Por eso, así dice el Señor Dios: «Un adversario invadirá la tierra; derribará tus fortalezas, y tus baluartes serán saqueados».
Así dice el Señor: «Como el pastor rescata de la boca del león dos patas, o un trozo de oreja, así serán rescatados los hijos de Israel que habitan en Samaría, sentados en el rincón de un diván y sobre los cojines de seda de un lecho».
Salmo responsorial
Psalms 5:4-5,6,7
Los soberbios no se sostendrán ante tus ojos. Aborreces a todos los que obran la iniquidad. Destruirás a los que dicen mentiras. El Señor abomina al hombre sanguinario y engañoso. Pero yo, en la abundancia de tu misericordia, entraré en tu casa. Me postraré con reverencia hacia tu santo templo, temiéndote. Guíame, Señor, en tu justicia por causa de mis enemigos. Endereza tu camino delante de mi rostro.
Evangelio
Matthew 8:23-27
Cuando subió a una barca, sus discípulos lo siguieron. Y he aquí que se levantó en el mar una tempestad tan violenta que las olas cubrían la barca; pero él dormía. Se acercaron a él y lo despertaron, diciendo: «¡Sálvanos, Señor! ¡Perecemos!». Él les dijo: «¿Por qué teméis, hombres de poca fe?». Entonces se levantó, reprendió a los vientos y al mar, y sobrevino una gran calma. Los hombres se maravillaron, diciendo: «¿Qué clase de hombre es este, que hasta los vientos y el mar le obedecen?».
Lectio
Hay un rugido que atraviesa las lecturas de hoy. El león de Amós ruge en la espesura, y el pueblo tiembla; la trompeta suena en la ciudad, y todos se atemorizan. El profeta nos recuerda algo incómodo: que nada sucede sin sentido, que hay una voz debajo de los acontecimientos, y que esa voz nos pide atención. Amós no está amenazando por gusto; está intentando despertar a un pueblo cómodo, recostado «en el rincón de un diván y sobre los cojines de seda», a un pueblo que ha dejado de escuchar.
Y entonces, en el Evangelio, encontramos otra tormenta, otro estruendo que aterra. Pero aquí el que duerme no es el pueblo distraído, sino el Señor mismo, tranquilo en medio de la barca sacudida. Qué extraño contraste: en Amós el rugido viene de Dios y despierta el miedo; en Mateo el rugido del mar despierta el miedo, y Dios duerme en paz. Los discípulos gritan «¡perecemos!», y Jesús responde no con reproche a la tormenta primero, sino con una pregunta a ellos: «¿Por qué teméis, hombres de poca fe?». Como si el verdadero oleaje no estuviera en el mar, sino dentro de ellos.
Quizá lo que Dios pide en ambas escenas es lo mismo: que escuchemos su voz por debajo del ruido de nuestra vida. El miedo grita fuerte, pero no siempre dice la verdad. Y Cristo, que puede dormir en medio de la tempestad, nos invita a esa misma confianza serena, la de quien sabe quién va en la barca.
¿Cuál es la tormenta concreta que hoy te hace gritar «¡perecemos!», y qué cambiaría si de verdad creyeras que Cristo va dormido a tu lado, y no ausente? ¿En qué rincón de tu vida te has recostado cómodamente sobre «cojines de seda», dejando de escuchar una voz que hace tiempo intenta despertarte?
Santo del día
Mártires de Roma
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