lunes, 24 de agosto de 2026

San Bartolomé, apóstol

John 1:45-51

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Primera lectura

Revelation 21:9-14

Vino uno de los siete ángeles que tenían las siete copas, cargadas con las siete últimas plagas, y habló conmigo, diciendo: «Ven aquí. Te mostraré a la esposa, la novia del Cordero». Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y elevado, y me mostró la ciudad santa, Jerusalén, que descendía del cielo, de parte de Dios, teniendo la gloria de Dios. Su resplandor era semejante a una piedra preciosísima, como una piedra de jaspe, clara como el cristal. Tenía una muralla grande y elevada; tenía doce puertas, y en las puertas doce ángeles, y nombres escritos sobre ellas, que son los nombres de las doce tribus de los hijos de Israel. Al oriente había tres puertas; al norte, tres puertas; al sur, tres puertas; y al occidente, tres puertas. La muralla de la ciudad tenía doce cimientos, y sobre ellos los doce nombres de los doce Apóstoles del Cordero.

Salmo responsorial

Psalms 145:10-11,12-13,17-18

Todas tus obras te darán gracias, Señor. Tus santos te bendecirán. Hablarán de la gloria de tu reino, y proclamarán tu poder; para dar a conocer a los hijos de los hombres sus proezas, y la gloria de la majestad de su reino. Tu reino es un reino eterno. Tu dominio permanece por todas las generaciones. El Señor es fiel en todas sus palabras, y bondadoso en todas sus obras. El Señor es justo en todos sus caminos, y misericordioso en todas sus obras. El Señor está cerca de todos los que lo invocan, de todos los que lo invocan en verdad.

Evangelio

John 1:45-51

Felipe encontró a Natanael y le dijo: «Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la ley, y también los profetas: Jesús de Nazaret, el hijo de José». Natanael le dijo: «¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret?». Felipe le respondió: «Ven y ve». Jesús vio a Natanael que venía hacia él y dijo de él: «He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño». Natanael le dijo: «¿De dónde me conoces?». Jesús le respondió: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas bajo la higuera, te vi». Natanael le respondió: «Rabí, ¡tú eres el Hijo de Dios! ¡Tú eres el Rey de Israel!». Jesús le respondió: «¿Porque te dije: “Te vi debajo de la higuera”, crees? Verás cosas mayores que estas». Y le dijo: «En verdad, en verdad les digo que de ahora en adelante verán el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del Hombre».

Lectio

Hay algo conmovedor en la manera en que Jesús mira a Natanael. Antes de que el hombre dijera una sola palabra, antes de que Felipe lo llamara, ya lo había visto bajo la higuera. No fue una mirada de vigilancia, sino de reconocimiento: «He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño». Natanael había empezado con sospecha —«¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret?»—, pero se derrumba en confesión cuando descubre que fue visto en su intimidad, en ese momento solitario bajo el árbol que nadie más presenció. Ser conocido así, hasta el fondo, es lo que despierta la fe.

La primera lectura nos muestra el destino de esa mirada: la ciudad santa, con doce cimientos que llevan los nombres de los doce Apóstoles. Bartolomé, a quien la tradición identifica con Natanael, tiene su nombre grabado en la piedra de la Jerusalén eterna. Aquel que dudaba de Nazaret termina siendo fundamento de la ciudad de Dios. Esto es lo que hace el Señor con los que se dejan encontrar: no solo los ve bajo su higuera, sino que los inscribe para siempre en su reino. El salmo lo confirma con ternura: «El Señor está cerca de todos los que lo invocan en verdad». La verdad de Natanael —su honestidad sin engaño, incluso en su prejuicio— fue precisamente lo que Cristo pudo tocar.

A veces creemos que debemos limpiarnos antes de acercarnos, pero Jesús empieza por vernos tal como somos, con nuestras dudas y nuestras sombras, y esa mirada es ya el principio de todo. «Verás cosas mayores que estas», promete. La fe no termina en el asombro de ser conocido; ese es apenas el comienzo del cielo abierto.

¿Cuál es tu «higuera» hoy, ese lugar o momento escondido donde crees que nadie te ve, y qué cambiaría si supieras que Jesús ya te ha visto ahí con ternura?

¿De qué persona, lugar o posibilidad has dicho por dentro «¿acaso puede salir algo bueno de ahí?», y estarías dispuesto hoy a ir y ver antes de seguir juzgando?

Santo del día

Beata Alfonsa Clerici

Ora lo lee en voz alta cada mañana, gratis. Ora