jueves, 24 de septiembre de 2026

Jueves de la 25a semana del Tiempo Ordinario

Luke 9:7-9

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Primera lectura

Ecclesiastes 1:2-11

«Vanidad de vanidades», dice el Predicador; «vanidad de vanidades, todo es vanidad». ¿Qué provecho saca el hombre de todo el trabajo con que se afana bajo el sol? Una generación se va, y otra generación viene; pero la tierra permanece para siempre. El sol también sale, y el sol se pone, y se apresura hacia el lugar donde vuelve a salir. El viento sopla hacia el sur, y gira hacia el norte. Sin cesar da vueltas en su curso, y el viento retorna de nuevo a sus giros. Todos los ríos corren hacia el mar, y el mar no se llena. Al lugar donde los ríos fluyen, allí vuelven a fluir. Todas las cosas están llenas de un cansancio que no se puede expresar. El ojo no se sacia de ver, ni el oído se llena de oír. Lo que ha sido es lo que será; y lo que se ha hecho es lo que se hará: y no hay nada nuevo bajo el sol. ¿Hay acaso algo de lo que pueda decirse: «Mira, esto es nuevo»? Ya existió hace mucho tiempo, en las edades que fueron antes de nosotros. No hay memoria de las cosas pasadas; ni tampoco habrá memoria de las venideras que han de venir, entre aquellos que vendrán después.

Salmo responsorial

Psalms 90:3-4,5-6,12-13,14,17

Tú haces que el hombre vuelva al polvo, diciendo: «Volved, hijos de los hombres.» Porque mil años ante tus ojos son como el día de ayer, que ya pasó, como una vigilia de la noche. Los arrebatas mientras duermen. Por la mañana brotan como la hierba nueva. Por la mañana florece y crece; al atardecer se marchita y se seca. Enséñanos, pues, a contar nuestros días, para que alcancemos un corazón sabio. ¡Vuélvete, Señor! ¿Hasta cuándo? ¡Ten compasión de tus siervos! Sácianos por la mañana con tu misericordia, para que nos regocijemos y nos alegremos todos nuestros días. Que la bondad del Señor, nuestro Dios, esté sobre nosotros; afianza para nosotros la obra de nuestras manos; sí, afianza la obra de nuestras manos.

Evangelio

Luke 9:7-9

Herodes el tetrarca oyó todo lo que él hacía, y estaba muy perplejo, porque algunos decían que Juan había resucitado de entre los muertos, otros que Elías había aparecido, y otros que uno de los antiguos profetas había resucitado. Y dijo Herodes: «A Juan yo lo hice decapitar, pero ¿quién es este, de quien oigo tales cosas?». Y procuraba verlo.

Lectio

El Predicador contempla la rueda incansable del mundo —el sol que sale y se pone, los ríos que corren sin llenar el mar, las generaciones que van y vienen sin dejar memoria— y de todo ello arranca una sola palabra: vanidad. No es cinismo, sino la lucidez de quien ha mirado la vida de frente y ha visto que nada de lo que hacemos «bajo el sol» basta para saciar el corazón. El ojo no se sacia de ver, ni el oído de oír. Hay en nosotros una sed que ninguna cosa creada apaga.

Y ahí, en medio de esa perplejidad antigua, aparece Herodes: un hombre poderoso, agitado, que oye hablar de Jesús y no logra descansar. «¿Quién es este?», pregunta, y «procuraba verlo». Herodes encarna al hombre del Eclesiastés que ya lo ha tenido todo y sigue vacío. Pero su búsqueda está torcida: quiere ver a Jesús por curiosidad, por inquietud del poder, no para dejarse cambiar por Él. Es la diferencia entre buscar y buscar rendido. El salmo, en cambio, nos enseña la única oración que rompe la rueda de la vanidad: «Enséñanos a contar nuestros días, para que alcancemos un corazón sabio» y «afianza la obra de nuestras manos». No pedimos que nuestro trabajo sea eterno, sino que Dios lo sostenga, que le dé un peso que nosotros solos no podemos darle.

Quizás la sabiduría de hoy consista en dejar de exigirle a la vida que nos sacie —al trabajo, a los logros, a la novedad— y aprender a pedir en cambio ser saciados «por la mañana con tu misericordia». Solo Dios llena el mar de nuestro deseo.

¿Cuál es esa cosa concreta —un logro, un reconocimiento, una relación— a la que le has estado pidiendo, sin decirlo, que llene un vacío que solo Dios puede llenar?

Como Herodes, ¿hay algún deseo de «ver» a Jesús que tienes vivo hoy, y qué te impide pasar de la curiosidad a dejarte realmente encontrar por Él?

Santo del día

San Gerard Venecia

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