martes, 13 de octubre de 2026

Martes de la 28a semana del Tiempo Ordinario

Luke 11:37-41

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Primera lectura

Galatians 5:1-6

Manténganse, pues, firmes en la libertad con la que Cristo nos ha hecho libres, y no se dejen sujetar de nuevo al yugo de la esclavitud. He aquí que yo, Pablo, les digo que si se dejan circuncidar, Cristo de nada les aprovechará. Sí, testifico una vez más a todo hombre que se circuncida, que queda obligado a cumplir toda la ley. Ustedes que quieren ser justificados por la ley se han apartado de Cristo; han caído de la gracia. Porque nosotros, por el Espíritu, aguardamos por la fe la esperanza de la justicia. Pues en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por medio del amor.

Salmo responsorial

Psalms 119:41,43,44,45,47,48

Que venga también a mí tu misericordia, Señor, tu salvación, conforme a tu palabra. No quites de mi boca la palabra de verdad, pues en tus juicios he puesto mi esperanza. Así guardaré tu ley continuamente, por los siglos de los siglos. Caminaré en libertad, porque he buscado tus preceptos. Me deleitaré en tus mandamientos, porque los amo. Tiendo mis manos hacia tus mandamientos, que amo, y meditaré en tus estatutos.

Evangelio

Luke 11:37-41

Mientras hablaba, cierto fariseo le pidió que comiera con él. Entró y se sentó a la mesa. Cuando el fariseo lo vio, se asombró de que no se hubiera lavado primero antes de comer. Pero el Señor le dijo: «Ahora bien, ustedes los fariseos limpian el exterior de la copa y del plato, pero su interior está lleno de rapiña y maldad. Insensatos, ¿acaso el que hizo el exterior no hizo también el interior? Den más bien como limosna a los necesitados lo que está dentro, y entonces todo les será limpio.

Lectio

Hay una libertad que Pablo defiende con una pasión casi feroz. No es la libertad de hacer lo que se nos antoje, sino algo más delicado y más difícil: la libertad de dejar de medir nuestro valor por lo que cumplimos. «Ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por medio del amor.» Pablo sabe cuán tentador es volver al yugo, porque el yugo de la ley tiene una extraña comodidad: nos dice exactamente qué hacer para sentirnos justos. La gracia, en cambio, no nos deja ese cálculo tranquilizador. Nos pide confiar.

Y Jesús, sentado a la mesa de aquel fariseo, pone el dedo en la misma llaga. El fariseo se asombra de la copa sin lavar; Jesús le habla del interior lleno de rapiña. No es que lo externo no importe, sino que puede convertirse en un disfraz: cumplimos por fuera para no tener que mirar lo que hay dentro. «¿Acaso el que hizo el exterior no hizo también el interior?» Dios no se contenta con nuestra fachada limpia. Nos ama demasiado para quedarse afuera.

Lo hermoso es la salida que Jesús ofrece, tan concreta: «Den como limosna lo que está dentro.» No dice: esfuércense más por lavarse. Dice: entréguense. La fe que obra por el amor no es una ley nueva, sino un corazón que se abre y se derrama. Ahí está la verdadera libertad del salmo: «Caminaré en libertad, porque he buscado tus preceptos» —no por miedo, sino por deleite.

¿En qué parte de tu vida estás cumpliendo por fuera para no tener que mirar lo que llevas por dentro, y qué crees que encontrarías si te atrevieras a mirar?

¿A qué persona necesitada de ti hoy —no de tu dinero, sino de tu tiempo, tu perdón o tu atención— podrías darle «lo que está dentro»?

Santo del día

San Eduardo Rey

Ora lo lee en voz alta cada mañana, gratis. Ora