viernes, 12 de junio de 2026

Sagrado Corazón de Jesús

Matthew 11:25-30

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Primera lectura

Deuteronomy 7:6-11

Porque tú eres un pueblo santo para el Señor tu Dios. El Señor tu Dios te ha escogido para ser un pueblo de su propiedad, por encima de todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra. El Señor no puso su amor en ti, ni te eligió, porque fueras más numeroso que cualquier otro pueblo; pues tú eras el más pequeño de todos los pueblos: sino porque el Señor te ama, y porque quiere guardar el juramento que hizo a tus padres, el Señor te ha sacado con mano poderosa, y te ha redimido de la casa de servidumbre, de la mano del Faraón, rey de Egipto. Reconoce, por tanto, que el Señor tu Dios es Dios, el Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia con quienes lo aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones, y que retribuye en su propia cara a quienes lo odian, para destruirlos. No será indulgente con quien lo odia. Le retribuirá en su propia cara. Guardarás, por tanto, los mandamientos, los estatutos y las ordenanzas que hoy te mando cumplir.

Salmo responsorial

Psalms 103:1-2,3-4,6-7,8,10

¡Bendice al Señor, alma mía! ¡Que todo mi ser bendiga su santo nombre! Bendice al Señor, alma mía, y no olvides ninguno de sus beneficios; él perdona todos tus pecados; él sana todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la destrucción; él te corona de bondad y de tiernas misericordias; el Señor realiza obras de justicia, y derecho para todos los oprimidos. Dio a conocer sus caminos a Moisés, sus obras a los hijos de Israel. El Señor es misericordioso y clemente, lento para la ira y abundante en bondad. No nos ha tratado conforme a nuestros pecados, ni nos ha pagado según nuestras iniquidades.

Evangelio

Matthew 11:25-30

En aquel tiempo, Jesús respondió: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas a los sabios y entendidos, y las revelaste a los pequeños. Sí, Padre, porque así fue de tu agrado. Todas las cosas me han sido entregadas por mi Padre. Nadie conoce al Hijo, sino el Padre; ni nadie conoce al Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo quiera revelarlo.

»Venid a mí todos los que estáis fatigados y agobiados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave, y mi carga es ligera».

Lectio

Hay una lógica del amor divino que desconcierta a nuestra mente calculadora. Dios no eligió a Israel porque fuera grande, sino precisamente cuando era el más pequeño de todos los pueblos. No hubo mérito que precediera su elección, solo el misterio de un corazón que ama sin razón previa, fiel hasta mil generaciones. Esta es la verdad que celebramos en el Sagrado Corazón: que somos amados no por lo que producimos, ni por lo fuertes que aparentamos ser, sino por una ternura que se inclina hacia nuestra pequeñez. El salmo lo confirma sin rodeos: «No nos ha tratado conforme a nuestros pecados». El amor de Dios no es una transacción.

Y en el Evangelio, Jesús alaba al Padre porque estas cosas quedan escondidas a los sabios y entendidos, pero se revelan a los pequeños. Hay algo en nuestra autosuficiencia que nos cierra las puertas del misterio. Cuando creemos que debemos entenderlo todo, controlarlo todo, cargarlo todo, nos volvemos sordos a la voz que dice: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y agobiados». El descanso que Cristo ofrece no viene de quitarnos toda carga, sino de compartir su yugo, de aprender de un corazón manso y humilde. La invitación no es a la pasividad, sino a dejar de cargar solos lo que nunca estuvimos llamados a cargar solos.

Quizás el desafío de hoy no sea hacer más, sino permitir ser amados en nuestra pequeñez, dejar que ese Corazón abierto nos sostenga justo donde nos sentimos menos dignos.

¿Qué cansancio o agobio estás cargando hoy en silencio, convencido de que debes resolverlo solo, cuando Jesús te dice directamente «venid a mí» y te ofrece compartir su yugo?

¿En qué parte de tu vida intentas ganarte el amor de Dios siendo «el más grande» —el más capaz, el más fuerte, el que nunca falla— cuando precisamente fue tu pequeñez la razón por la que Él puso su amor en ti?

Santo del día

Santa Paola Frassinetti

Ora lo lee en voz alta cada mañana, gratis. Ora