jueves, 30 de julio de 2026
Jueves de la 17a semana del Tiempo Ordinario
Matthew 13:47-53
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Primera lectura
Jeremiah 18:1-6
La palabra que vino a Jeremías de parte del Señor, diciendo: «Levántate y baja a la casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras». Entonces bajé a la casa del alfarero, y he aquí que él estaba haciendo una obra sobre la rueda. Y cuando la vasija que hacía de barro se echó a perder en la mano del alfarero, volvió a hacer de ella otra vasija, según le pareció bien hacerla al alfarero. Entonces vino a mí la palabra del Señor, diciendo: «Casa de Israel, ¿no puedo yo hacer con vosotros como este alfarero?», dice el Señor. «He aquí que, como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, casa de Israel.
Salmo responsorial
Psalms 146:1-2,3-4,5-6
Mientras viva, alabaré al Señor. Cantaré salmos a mi Dios mientras exista. Mientras viva, alabaré al Señor. Cantaré salmos a mi Dios mientras exista. No pongáis vuestra confianza en los príncipes, cada uno hijo de hombre en quien no hay salvación. Su espíritu se va, y él vuelve a la tierra. En ese mismo día, perecen sus planes. Dichoso aquel que tiene al Dios de Jacob por su auxilio, cuya esperanza está en el Señor, su Dios: el que hizo el cielo y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos; el que guarda la verdad para siempre;
Evangelio
Matthew 13:47-53
«De nuevo, el Reino de los Cielos es semejante a una red barredera que fue echada al mar y recogió peces de toda clase; cuando estuvo llena, la sacaron a la orilla. Se sentaron y recogieron los buenos en recipientes, pero los malos los desecharon. Así será al fin del mundo. Vendrán los ángeles y separarán a los malvados de entre los justos, y los arrojarán al horno de fuego. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.» Jesús les dijo: «¿Habéis entendido todas estas cosas?» Ellos le respondieron: «Sí, Señor.» Él les dijo: «Por eso, todo escriba que ha sido hecho discípulo en el Reino de los Cielos es semejante a un hombre, dueño de casa, que saca de su tesoro cosas nuevas y antiguas.» Cuando Jesús terminó estas parábolas, partió de allí.
Lectio
Hay algo profundamente consolador en la imagen del alfarero. El barro que se echa a perder en sus manos no es desechado: el alfarero simplemente vuelve a empezar, lo trabaja de nuevo, le da otra forma «según le pareció bien hacerla». No hay impaciencia en ese gesto, ni reproche. Solo la paciente voluntad de quien sabe que el barro, por muy deforme que quede, sigue siendo materia buena entre sus dedos. Cuántas veces creemos que nuestros fracasos nos han arruinado para siempre, cuando en realidad seguimos girando sobre la rueda, todavía maleables, todavía amados.
El salmo nos advierte dónde no debemos poner nuestra esperanza: en los príncipes, en los hombres cuyos planes perecen el mismo día en que ellos vuelven al polvo. Y es que existe una tentación sutil de buscar nuestra forma definitiva en manos equivocadas —en la aprobación ajena, en el éxito, en nuestras propias fuerzas— olvidando que solo el que hizo el cielo y la tierra puede sostenernos cuando todo lo demás se desmorona. El Evangelio completa el cuadro con sobriedad: la red recoge peces de toda clase, y la separación llega al final, no ahora. Mientras vivimos, seguimos siendo barro en proceso, peces aún nadando, discípulos que aprenden a sacar del tesoro lo nuevo y lo antiguo.
Quizás esa sea la gracia escondida de estos textos: que mientras haya vida, hay tiempo para ser rehechos. No estamos condenados a la primera forma que tomamos, ni a nuestros peores momentos.
¿Qué fracaso o ruptura de tu vida sigues considerando irreparable, cuando tal vez sea precisamente el barro que el Alfarero está esperando volver a tomar entre sus manos?
¿En qué «príncipe» —una persona, un logro, una seguridad humana— has puesto últimamente la esperanza que solo Dios puede sostener, y qué pasaría hoy si soltaras un poco esa confianza para ponerla donde de verdad permanece?
Santo del día
San Pedro Crisólogo
Ora lo lee en voz alta cada mañana, gratis. Ora