sábado, 12 de septiembre de 2026
Sábado de la 23a semana del Tiempo Ordinario
Luke 6:43-49
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Primera lectura
1 Corinthians 10:14-22
Por tanto, amados míos, huid de la idolatría. Os hablo como a personas sensatas; juzgad vosotros mismos lo que digo. La copa de bendición que bendecimos, ¿no es acaso comunión con la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es acaso comunión con el cuerpo de Cristo? Porque hay un solo pan, nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos participamos de ese único pan. Considerad a Israel según la carne: los que comen de los sacrificios, ¿no participan acaso del altar? ¿Qué quiero decir, entonces? ¿Que lo sacrificado a los ídolos sea algo, o que el ídolo sea algo? Antes bien, digo que lo que los gentiles sacrifican, lo sacrifican a los demonios y no a Dios; y yo no quiero que vosotros tengáis comunión con los demonios. No podéis beber la copa del Señor y la copa de los demonios; no podéis participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios. ¿O acaso provocamos los celos del Señor? ¿Somos acaso más fuertes que él?
Salmo responsorial
Psalms 116:12-13,17-18
¿Qué le daré al Señor por todos sus beneficios para conmigo? Tomaré el cáliz de la salvación e invocaré el nombre del Señor. Te ofreceré el sacrificio de acción de gracias e invocaré el nombre del Señor. Cumpliré mis votos al Señor, sí, en presencia de todo su pueblo,
Evangelio
Luke 6:43-49
Porque no hay árbol bueno que produzca fruto malo, ni tampoco árbol malo que produzca fruto bueno. Pues cada árbol se conoce por su propio fruto. Porque no se recogen higos de los espinos, ni se cosechan uvas de las zarzas. El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón, saca lo que es bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón, saca lo que es malo; porque de la abundancia del corazón habla su boca.
«¿Por qué me llamáis: “Señor, Señor”, y no hacéis lo que os digo? Todo el que viene a mí, y escucha mis palabras, y las pone en práctica, os mostraré a quién se parece. Se parece a un hombre que edifica una casa, el cual cavó y ahondó, y puso el cimiento sobre la roca. Cuando vino una inundación, el torrente se estrelló contra aquella casa y no pudo sacudirla, porque estaba fundada sobre la roca. Pero el que escucha, y no pone en práctica, se parece a un hombre que edificó una casa sobre la tierra, sin cimiento; contra ella se estrelló el torrente, y al instante se derrumbó, y fue grande la ruina de aquella casa».
Lectio
Hay una pregunta que atraviesa las lecturas de hoy, aunque venga disfrazada de distintas maneras: ¿de qué mesa comes? San Pablo lo dice con una crudeza que incomoda: no se puede beber a la vez de la copa del Señor y de la copa de los demonios. No porque Dios sea celoso a la manera pequeña de los hombres, sino porque el corazón humano no está hecho para dividirse. Aquello de lo que participamos nos va formando por dentro, poco a poco, hasta convertirse en la sustancia de lo que somos. Comemos de un altar o de otro, y con el tiempo llegamos a parecernos a lo que comemos.
Jesús lo dice en el Evangelio con otra imagen, la del árbol y su fruto. No podemos fingir indefinidamente. Lo que hay en la raíz termina apareciendo en las ramas; lo que llena el corazón acaba saliendo por la boca. Y luego esa imagen tremenda de las dos casas: no distingue al que oye del que no oye, sino al que oye y pone en práctica del que oye y no hace nada. La diferencia no está en la fachada —ambas casas parecían iguales hasta que vino la inundación—, sino en lo que nadie ve, en la profundidad de los cimientos, en ese cavar hondo que nadie aplaude.
El salmo nos ofrece el único gesto sensato ante todo esto: tomar el cáliz de la salvación. No fabricar nuestra propia bebida, no repartir el corazón entre varios altares, sino recibir la copa que se nos ofrece y dar gracias. Ahí está la roca. No en nuestra fuerza —«¿somos acaso más fuertes que él?»—, sino en aquello de lo que decidimos alimentarnos cada día.
¿Cuál es esa «copa de los demonios» de la que sigues bebiendo a escondidas, esa que te promete consuelo y en realidad te vacía por dentro?
¿Qué palabra concreta de Jesús has estado escuchando desde hace tiempo, asintiendo con la cabeza, pero sin cavar hondo para ponerla en práctica de verdad?
Santo del día
San Francisco Ch‘oe Kyong-hwam
Ora lo lee en voz alta cada mañana, gratis. Ora