jueves, 8 de octubre de 2026
Jueves de la 27a semana del Tiempo Ordinario
Luke 11:5-13
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Primera lectura
Galatians 3:1-5
Insensatos gálatas, ¿quién os ha hechizado para no obedecer a la verdad, a vosotros, ante cuyos ojos Jesucristo fue presentado públicamente como crucificado? Solo quiero aprender esto de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por la predicación de la fe? ¿Tan insensatos sois? Habiendo comenzado en el Espíritu, ¿os perfeccionáis ahora en la carne? ¿Padecisteis tantas cosas en vano? Si es que en verdad fue en vano. Aquel, pues, que os suministra el Espíritu y obra milagros entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley, o por la predicación de la fe?
Salmo responsorial
Luke 1:69-70,71-72,73-75
y nos ha suscitado un poderoso salvador en la casa de David, su siervo (como lo había anunciado por boca de sus santos profetas, que fueron desde antaño), para salvarnos de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; para mostrar misericordia con nuestros padres, y recordar su santa alianza, el juramento que hizo a Abrahán, nuestro padre, para concedernos que, libres de la mano de nuestros enemigos, le sirvamos sin temor, en santidad y justicia delante de él todos los días de nuestra vida.
Evangelio
Luke 11:5-13
Y les dijo: «¿Quién de vosotros, si va a un amigo a medianoche y le dice: “Amigo, préstame tres panes, porque un amigo mío ha llegado de viaje y no tengo nada que ofrecerle”, y aquel, desde dentro, le responde diciendo: “No me molestes. La puerta ya está cerrada, y mis hijos están conmigo en la cama. No puedo levantarme y dártelos”? Os digo que, aunque no se levante a dárselos por ser su amigo, sin embargo, por su insistencia se levantará y le dará cuanto necesite.
»Os digo: pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.
»¿Qué padre entre vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pez, le dará en su lugar una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si vosotros, pues, siendo malos, sabéis dar buenos dones a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?».
Lectio
Hay una pregunta que Pablo lanza a los gálatas y que también nos alcanza a nosotros: «¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por la predicación de la fe?» Es la vieja tentación de convertir la vida espiritual en un asunto de méritos, de balances, de tareas cumplidas. Como si Dios fuera un contable que espera nuestro rendimiento antes de darse. Pablo se indigna con ternura: habíamos empezado en el Espíritu, gratuitamente, recibiendo lo que no podíamos ganar, y de pronto queremos volver a la lógica del esfuerzo que agota y separa.
El Evangelio de hoy desarma esa lógica desde dentro. Jesús no nos presenta a un Padre que hay que convencer, ni a un amigo dormido que cede solo por fastidio. Al contrario: usa esa imagen precisamente para contrastar. Si hasta el hombre reticente termina dando, cuánto más el Padre que ya quiere darse. Y lo que promete no es cualquier cosa, sino el Espíritu Santo mismo: aquel don que los gálatas ya habían recibido y estaban olvidando. Pedir, buscar, llamar no son formas de forzar la puerta, sino de reconocer que la puerta lleva tiempo entreabierta.
Quizá la oración no consista en merecer que Dios nos escuche, sino en dejar de tratarlo como si no lo hiciera. El pan que pedimos a medianoche no es para nosotros: es para el amigo que ha llegado de viaje y no tenemos nada que ofrecerle. Se pide desde la pobreza, no desde la abundancia.
¿En qué rincón de tu vida estás intentando ganarte por esfuerzo algo que Dios ya te quiere dar gratis, y cómo te está agotando ese intento?
¿Quién es el «amigo que ha llegado de viaje» —esa persona concreta a la que hoy no tienes nada que ofrecer— por quien necesitas ir a llamar a la puerta de Dios esta noche?
Santo del día
San Hugo de Génova
Ora lo lee en voz alta cada mañana, gratis. Ora