martes, 20 de octubre de 2026

Martes de la 29a semana del Tiempo Ordinario

Luke 12:35-38

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Primera lectura

Ephesians 2:12-22

que en aquel tiempo estabais sin Cristo, apartados de la ciudadanía de Israel y extraños a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora, en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos habéis sido acercados por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, quien de ambos hizo uno, y derribó la pared intermedia de separación, habiendo abolido en su carne la enemistad, la ley de los mandamientos contenida en ordenanzas, para crear en sí mismo, de los dos, un solo hombre nuevo, haciendo la paz; y para reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo mediante la cruz, dando muerte por ella a la enemistad. Y vino y anunció paz a vosotros que estabais lejos y a los que estaban cerca. Porque por medio de él, ambos tenemos acceso al Padre en un solo Espíritu. Así pues, ya no sois extraños ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo Cristo Jesús mismo la piedra angular; en quien todo el edificio, bien ensamblado, crece hasta ser un templo santo en el Señor; en quien también vosotros sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.

Salmo responsorial

Psalms 85:9-10,11-12,13-14

Señor, has sido propicio a tu tierra. Has restaurado la suerte de Jacob. Has perdonado la iniquidad de tu pueblo. Has cubierto todos sus pecados. Selah. Has retirado todo tu enojo. Te has apartado del ardor de tu ira. Vuélvenos, oh Dios de nuestra salvación, y haz cesar tu indignación contra nosotros. ¿Estarás airado con nosotros para siempre? ¿Prolongarás tu ira por todas las generaciones? ¿Acaso no nos darás vida de nuevo, para que tu pueblo se alegre en ti? Muéstranos tu misericordia, Señor. Concédenos tu salvación. Escucharé lo que hablará Dios, el Señor, porque hablará de paz a su pueblo, a sus santos; mas que no vuelvan a la necedad. Ciertamente cerca está su salvación de los que le temen, para que la gloria habite en nuestra tierra. La misericordia y la verdad se encuentran. La justicia y la paz se besan. La verdad brota de la tierra. La justicia mira desde el cielo. Sí, el Señor dará lo que es bueno. Nuestra tierra dará su fruto. La justicia irá delante de él, y preparará el camino para sus pasos.

Evangelio

Luke 12:35-38

«Estén ceñidos vuestros lomos y encendidas vuestras lámparas. Sed semejantes a hombres que aguardan a su señor cuando regresa de las bodas, para que, cuando llegue y llame, en seguida le abran. Dichosos aquellos siervos a quienes el señor, al venir, encuentre velando. En verdad os digo que él se ceñirá, los hará reclinarse a la mesa y, acercándose, les servirá. Y si viene en la segunda o en la tercera vigilia y así los encuentra, dichosos serán aquellos siervos.

Lectio

Hay una palabra que atraviesa las tres lecturas de hoy, aunque llega disfrazada de maneras distintas: *cercanía*. Pablo escribe a los que estaban «lejos» y les anuncia que han sido «acercados por la sangre de Cristo», que ese muro que los separaba ha caído. El salmo canta esa reconciliación con una imagen desarmante: la misericordia y la verdad se encuentran, la justicia y la paz se besan. Y en el evangelio, el Señor no llega como un amo que exige cuentas, sino como uno que, encontrando despiertos a sus siervos, se ciñe él mismo y se pone a servirles a la mesa. Dios acortando la distancia. Siempre Dios acortando la distancia.

Lo que más conmueve del evangelio no es la vigilancia —esa la damos por descontada— sino lo que hace el señor cuando por fin llega. Uno espera al amo con temor, ensayando explicaciones, calculando si el trabajo estará a la altura. Y en cambio él se arrodilla y sirve. Esa es la sorpresa que deshace toda religión del miedo. La lámpara encendida no es una prueba que hay que aprobar; es simplemente el gesto de quien no ha renunciado a la posibilidad de que Alguien vuelva. Velar es un acto de esperanza, no de vigilancia ansiosa.

Y quizá ahí está la pregunta más honda: ¿dónde nos hemos acostumbrado a sentirnos «extraños y forasteros», lejos, cuando en realidad ya hemos sido hechos parte de la casa? Muchos vivimos como huéspedes que temen molestar en la mesa donde el Señor mismo quiere servirnos.

¿En qué relación o rincón de tu vida te sientes hoy todavía «lejos», como un extraño que no acaba de creerse invitado, y qué paso concreto podrías dar hoy para dejarte acercar?

Si el Señor llegara esta noche y, en vez de pedirte cuentas, se ciñera para servirte, ¿qué le costaría más a tu corazón: dejarte servir por él, o quién es la persona a la que tú te niegas a servir de esa misma manera?

Santo del día

Santa María Bertila Boscardin

Ora lo lee en voz alta cada mañana, gratis. Ora