miércoles, 21 de octubre de 2026
Miércoles de la 29a semana del Tiempo Ordinario
Luke 12:39-48
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Primera lectura
Ephesians 3:2-12
si es que habéis oído de la dispensación de aquella gracia de Dios que me fue dada para vosotros; cómo por revelación me fue dado a conocer el misterio, según antes escribí en pocas palabras, por las cuales, al leerlas, podéis percibir mi entendimiento en el misterio de Cristo; el cual en otras generaciones no fue dado a conocer a los hijos de los hombres, como ahora ha sido revelado a sus santos apóstoles y profetas en el Espíritu; a saber, que los gentiles son coherederos, y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de su promesa en Cristo Jesús por medio de la Buena Nueva, de la cual fui hecho servidor, según el don de aquella gracia de Dios que me fue dada conforme a la operación de su poder. A mí, que soy el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar a los gentiles las inescrutables riquezas de Cristo, y de aclarar a todos cuál es la dispensación del misterio que por siglos ha estado oculto en Dios, que creó todas las cosas por medio de Jesucristo; para que ahora, por medio de la Iglesia, la multiforme sabiduría de Dios sea dada a conocer a los principados y a las potestades en las regiones celestiales, conforme al propósito eterno que él realizó en Cristo Jesús nuestro Señor; en quien tenemos valentía y acceso con confianza por medio de nuestra fe en él.
Salmo responsorial
Isaiah 12:2-3,4,5-6
He aquí, Dios es mi salvación. Confiaré y no temeré; porque el Señor, el Señor, es mi fortaleza y mi canción; y él se ha convertido en mi salvación.» Por tanto, con alegría sacaréis agua de las fuentes de la salvación. En aquel día diréis: «¡Dad gracias al Señor! Invocad su nombre. Dad a conocer sus obras entre los pueblos. ¡Proclamad que su nombre es exaltado! ¡Cantad al Señor, porque ha hecho cosas excelentes! ¡Sea esto conocido en toda la tierra! Clama en voz alta y grita, oh habitante de Sión; porque grande es en medio de ti el Santo de Israel.»
Evangelio
Luke 12:39-48
Pero sabed esto: que si el dueño de la casa hubiera sabido a qué hora venía el ladrón, habría velado y no habría dejado que forzaran su casa. Por tanto, estad también vosotros preparados, porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que menos lo esperéis».
Pedro le dijo: «Señor, ¿dices esta parábola para nosotros o para todos?».
El Señor respondió: «¿Quién es, pues, el administrador fiel y prudente, a quien su señor pondrá al frente de su servidumbre para darles su ración de alimento a su debido tiempo? Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. En verdad os digo que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si aquel siervo dice en su corazón: "Mi señor tarda en venir", y comienza a golpear a los criados y a las criadas, y a comer y beber y embriagarse, vendrá el señor de aquel siervo el día que no lo espera y a la hora que no sabe, y lo castigará severamente, y le asignará su parte entre los infieles. Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no se preparó ni obró conforme a su voluntad, será azotado con muchos golpes; pero el que no la conoció e hizo cosas dignas de castigo, será azotado con pocos golpes. A quien mucho se le dio, mucho se le exigirá; y a quien mucho se le confió, más se le pedirá.
Lectio
Hay un hilo delicado que une estas lecturas: la palabra *confiado*. Pablo habla de una gracia que le "fue dada", de un misterio que le fue "confiado" a él, "el más pequeño de todos los santos". No lo eligió; lo recibió. Y el Evangelio termina con esa frase que resuena como campana: "a quien mucho se le confió, más se le pedirá". El administrador fiel del que habla Jesús no es dueño de nada; es alguien a quien le han puesto algo entre las manos y le han pedido que lo cuide mientras el Señor tarda. Toda nuestra vida, mirada así, es tiempo prestado y bienes prestados, esperando a un Dueño que vuelve a una hora que no sabemos.
Lo hermoso es que Pablo no vive esta responsabilidad con angustia sino con "valentía y acceso con confianza". La diferencia entre el siervo fiel y el que golpea a sus compañeros no está en cuánto se les dio, sino en si creyeron de verdad que el Señor iba a volver. El infiel se dice en su corazón "mi señor tarda", y esa pequeña mentira interior lo cambia todo: empieza a tratar mal a los demás y a atontarse. La fidelidad, entonces, no es tanto vigilancia crispada como memoria viva de que Alguien va a venir, y de que lo que tengo entre las manos no es mío.
El salmo nos da el tono en que debe vivirse todo esto: no como miedo al ladrón, sino como quien "con alegría saca agua de las fuentes de la salvación". El que sabe que todo le fue confiado por amor no vela con los puños apretados, sino cantando.
¿Qué es concretamente eso que "se te ha confiado" —una persona, un trabajo, una herida ajena— que últimamente estás tratando peor porque en tu corazón te has dicho que "el Señor tarda"?
¿En qué parte de tu vida sacas el agua con angustia en lugar de alegría, y qué cambiaría hoy si de verdad creyeras que eso no es tuyo sino un don recibido?
Santo del día
San Malco de Maronea
Ora lo lee en voz alta cada mañana, gratis. Ora