viernes, 23 de octubre de 2026
Viernes de la 29a semana del Tiempo Ordinario
Luke 12:54-59
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Primera lectura
Ephesians 4:1-6
Yo, pues, prisionero en el Señor, os ruego que caminéis de manera digna de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándoos unos a otros en amor; esforzándoos por guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz. Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como fuisteis llamados en una sola esperanza de vuestra vocación; un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, y por todos, y en todos nosotros.
Salmo responsorial
Psalms 24:1-2,3-4,5-6
Del Señor es la tierra y cuanto la llena; el mundo y los que en él habitan. Porque él la fundó sobre los mares, y la afirmó sobre las corrientes.
¿Quién podrá subir al monte del Señor? ¿Quién podrá permanecer en su lugar santo? El de manos limpias y corazón puro, el que no ha entregado su alma a la falsedad ni ha jurado con engaño.
Él recibirá bendición del Señor, y justicia del Dios de su salvación. Esta es la generación de los que le buscan, de los que buscan tu rostro, oh Dios de Jacob. Selah.
Evangelio
Luke 12:54-59
También decía a las multitudes: «Cuando veis una nube que se levanta por el occidente, en seguida decís: “Va a llover”, y así sucede. Y cuando sopla el viento del sur, decís: “Hará un calor abrasador”, y así ocurre. ¡Hipócritas! Sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo, pues, no sabéis interpretar este tiempo? ¿Y por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo? Porque cuando vas con tu adversario ante el magistrado, esfuérzate en el camino por llegar a un acuerdo con él, no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al alguacil, y el alguacil te eche en la cárcel. Te digo que de ningún modo saldrás de allí, hasta que hayas pagado el último céntimo».
Lectio
Hay una sabiduría que sabe leer el cielo y no sabe leer el corazón. Jesús no reprende a la multitud por ser ignorante, sino por ser selectiva: aplican una atención minuciosa a las nubes y al viento, pero apartan la mirada de lo único que verdaderamente urge. «¿Por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo?» Es una pregunta incómoda porque presupone que ya sabemos la respuesta. Sabemos qué relación necesita ser reparada, qué palabra debemos pedir perdón, qué conversación llevamos meses postergando mientras nos convencemos de que no es el momento.
Y aquí es donde Pablo, escribiendo desde su prisión, se vuelve inesperadamente concreto. La unidad del Espíritu no es una idea elevada; se guarda «soportándoos unos a otros en amor». Se sostiene con paciencia, con mansedumbre, con la humildad de dar el primer paso hacia el adversario antes de que el camino se agote. El evangelio nos advierte que hay un tiempo para reconciliarse «en el camino», mientras todavía andamos juntos, antes de que el desacuerdo se endurezca en algo de lo que ya no podamos salir. Lo que hoy es una grieta, mañana puede ser un muro.
El salmo pone nombre a lo que está en juego: subir al monte del Señor con «manos limpias y corazón puro». No se trata de perfección, sino de no cargar con cuentas pendientes que hemos preferido ignorar. Buscar el rostro de Dios y evitar el rostro de un hermano al que hemos herido son, al final, incompatibles.
¿Con quién estás «en el camino» ahora mismo —qué persona concreta— con quien sabes que deberías buscar un acuerdo antes de que sea demasiado tarde, y qué es exactamente lo que temes al dar ese paso?
¿Qué señal en tu propia vida interior has estado interpretando mal o ignorando, del mismo modo en que sabes leer el cielo pero no el momento que estás viviendo?
Santo del día
San Juan de Capistrano
Ora lo lee en voz alta cada mañana, gratis. Ora