lunes, 11 de mayo de 2026
Lunes de la 6a semana de Pascua
John 15:26-27,16:1-4
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Primera lectura
Acts 16:11-15
Zarpando, pues, desde Troas, navegamos directamente hacia Samotracia, y al día siguiente a Neápolis; y de allí a Filipos, que es una ciudad de Macedonia, la principal de aquel distrito, una colonia romana. En esta ciudad permanecimos algunos días. En el día de reposo salimos fuera de la ciudad, junto a un río, donde suponíamos que había un lugar de oración, y nos sentamos, y hablamos a las mujeres que se habían reunido. Una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, nos escuchaba; y el Señor abrió su corazón para que atendiera a las cosas que decía Pablo. Cuando ella y los de su casa fueron bautizados, nos rogó, diciendo: “Si me habéis juzgado fiel al Señor, entrad en mi casa y quedaos.” Y nos persuadió.
Salmo responsorial
Psalms 149:1-2,3-4,5-6,9
¡Alaben al Señor! Canten al Señor un cántico nuevo, su alabanza en la asamblea de los santos. Alégrese Israel en aquel que lo hizo. Regocíjense los hijos de Sión en su Rey. ¡Alaben su nombre con danzas! ¡Cántenle alabanzas con pandero y arpa! Porque el Señor se complace en su pueblo. Corona a los humildes con la salvación. Regocíjense los santos en la gloria. Canten de alegría en sus lechos. Estén en su boca las excelsas alabanzas de Dios, y una espada de dos filos en su mano; para ejecutar en ellos el juicio escrito. Este honor es para todos sus santos. ¡Aleluya!
Evangelio
John 15:26-27,16:1-4
«Cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré de parte del Padre, el Espíritu de verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí. Y vosotros también daréis testimonio, porque habéis estado conmigo desde el principio. No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os designé para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, él os lo conceda.
«Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, él lo quita. Y todo sarmiento que da fruto, lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
Lectio
Hay algo conmovedor en la manera silenciosa en que el Señor obra en Lidia. No hubo terremoto, ni visión, ni voz del cielo. Ella simplemente estaba sentada junto a un río, en un lugar de oración, escuchando, y «el Señor abrió su corazón para que atendiera». Toda la fe de Lidia —y luego la de su casa entera— comenzó con esa apertura callada que ella no fabricó sino que recibió. Es la misma verdad que Jesús pronuncia en el Evangelio: «No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros». Antes de cualquier decisión nuestra, hay una elección que nos precede, un corazón que se nos abre desde dentro sin que nos demos cuenta del momento exacto.
Y sin embargo, esa gracia recibida no deja a Lidia pasiva. Lo primero que hace, apenas bautizada, es abrir su casa: «entrad en mi casa y quedaos». El corazón que Dios abrió por dentro se traduce enseguida en una puerta abierta por fuera. Así permanece el sarmiento en la vid: no aferrándose a la experiencia de su propia conversión, sino dejando que la savia recibida circule hacia otros. El fruto que permanece no es algo que Lidia produce por esfuerzo, sino aquello que brota naturalmente cuando la vida de Cristo la habita y ella no se resiste.
Quizás por eso Jesús habla también de la poda. Permanecer no siempre es dulce; a veces el labrador corta lo que ya daba algo, para que demos más. Pero incluso la poda es señal de que estamos vivos en la vid, de que Él nos considera capaces de un fruto mayor del que nosotros imaginaríamos para nosotros mismos.
¿Hay hoy una puerta concreta de tu vida —tu casa, tu tiempo, tu mesa— que el Señor te está pidiendo abrir a alguien, como Lidia abrió la suya?
¿Qué cosa buena en ti sientes que Dios está podando ahora mismo, y puedes nombrar el temor que esa pérdida te provoca?
Santo del día
Beato Mamerto Esquiú
Ora lo lee en voz alta cada mañana, gratis. Ora