domingo, 10 de mayo de 2026
6o domingo de Pascua
John 14:15-21
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Primera lectura
Acts 8:5-8,14-17
Felipe descendió a la ciudad de Samaria y les proclamaba a Cristo. Las multitudes escuchaban con un mismo espíritu las cosas que Felipe decía, al oír y ver las señales que él hacía. Pues de muchos que los tenían salían espíritus inmundos, saliendo con grandes gritos. Y muchos paralíticos y cojos fueron sanados. Y hubo gran gozo en aquella ciudad.
Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan, quienes, habiendo descendido, oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo; pues aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Cristo Jesús. Entonces les impusieron las manos, y recibieron el Espíritu Santo.
Salmo responsorial
Psalms 66:1-3,4-5,6-7,16,20
¡Aclamad a Dios con gritos de júbilo, toda la tierra! ¡Cantad a la gloria de su nombre! ¡Ofreced gloria y alabanza! Decid a Dios: «¡Cuán admirables son tus obras! Por la grandeza de tu poder, tus enemigos se someten a ti. Toda la tierra te adorará, y a ti cantará; cantarán a tu nombre». Selah.
Venid y ved las obras de Dios, su obra admirable en favor de los hijos de los hombres. Convirtió el mar en tierra seca. A pie pasaron el río. Allí nos alegramos en él. Él gobierna con su poder para siempre. Sus ojos vigilan a las naciones. Que no se levanten contra él los rebeldes. Selah.
Venid y oíd, todos los que teméis a Dios. Os contaré lo que él ha hecho por mi alma. Bendito sea Dios, que no rechazó mi oración, ni apartó de mí su misericordia.
Evangelio
John 14:15-21
Si me amáis, guardad mis mandamientos. Yo rogaré al Padre, y él os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Vosotros lo conocéis, porque mora con vosotros y estará en vosotros. No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros. Todavía un poco, y el mundo ya no me verá; pero vosotros me veréis. Porque yo vivo, también vosotros viviréis. En aquel día conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros. El que tiene mis mandamientos y los guarda, ese es quien me ama. Y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él.
Lectio
Hay algo silencioso y tenaz en la promesa de Jesús: «No os dejaré huérfanos». En medio de una despedida que debió sonar a abandono, Él anuncia una presencia más íntima de la que sus discípulos jamás habían conocido. El Espíritu que promete no es un consuelo de paso, sino una morada permanente: «mora con vosotros y estará en vosotros». No se trata de un Dios que nos visita de tarde en tarde, sino de uno que ha decidido habitar dentro de nosotros, donde nadie más alcanza a ver.
En Samaria vemos lo que ese Espíritu produce cuando desciende: liberación, sanación y, sobre todo, «gran gozo en aquella ciudad». Es revelador que los samaritanos ya habían sido bautizados y, sin embargo, faltaba algo; faltaba que Pedro y Juan impusieran las manos para que recibieran el don. A veces creemos que ya lo tenemos todo, que ya hemos cumplido, y no advertimos que aún esperamos una plenitud que solo llega cuando nos dejamos tocar, cuando permitimos que otros oren sobre nuestra vida y nos abran a lo que aún no hemos recibido.
El salmo nos da la clave de cómo se reconoce esta presencia: «Os contaré lo que él ha hecho por mi alma». No es teoría ni doctrina, sino memoria agradecida de obras concretas. Amar a Cristo, nos dice el Evangelio, no es un sentimiento sino una fidelidad: «si me amáis, guardad mis mandamientos». Y en esa fidelidad discreta, sin aplausos, Él promete manifestarse —no al mundo entero, sino al corazón que lo busca.
¿En qué rincón de tu vida te has sentido últimamente como un huérfano, abandonado o solo, sin reconocer que el Espíritu prometido ya mora dentro de ti esperando que lo dejes actuar?
¿Hay algo que, como los samaritanos ya bautizados, das por completo en tu fe pero que en realidad aún espera que te dejes tocar por otros y abras tu vida a una plenitud que todavía no has recibido?
Santo del día
San Damián Veuster
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