sábado, 9 de mayo de 2026

Sábado de la 5a semana de Pascua

John 15:18-21

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Primera lectura

Acts 16:1-10

Llegó a Derbe y a Listra; y he aquí, había allí un discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer judía creyente, pero de padre griego. Los hermanos que estaban en Listra e Iconio daban buen testimonio de él. Pablo quiso que este lo acompañara en el viaje, y, tomándolo, lo circuncidó a causa de los judíos que había en aquellos lugares, pues todos sabían que su padre era griego. Y al recorrer las ciudades, les entregaban los decretos que habían sido ordenados por los apóstoles y los ancianos que estaban en Jerusalén, para que los guardasen. Así las iglesias eran fortalecidas en la fe, y crecían en número cada día.

Atravesaron la región de Frigia y Galacia, pues el Espíritu Santo les había prohibido predicar la palabra en Asia. Cuando llegaron frente a Misia, intentaron entrar en Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió. Pasando, pues, junto a Misia, descendieron a Tróade. Y por la noche se le presentó a Pablo una visión: estaba de pie un hombre de Macedonia, que le suplicaba, diciendo: «Pasa a Macedonia y ayúdanos». Después de que tuvo la visión, en seguida procuramos partir hacia Macedonia, concluyendo que el Señor nos había llamado para anunciarles la Buena Nueva.

Salmo responsorial

Psalms 100:1-2,3,5

¡Aclamad con júbilo al Señor, tierras todas! Servid al Señor con alegría. Venid ante su presencia con cánticos. Reconoced que el Señor es Dios. Él nos hizo, y a él pertenecemos. Somos su pueblo y las ovejas de su rebaño. Porque el Señor es bueno. Su misericordia permanece para siempre, y su fidelidad por todas las generaciones.

Evangelio

John 15:18-21

Si el mundo os odia, sabéis que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo que es suyo. Pero porque no sois del mundo, sino que yo os escogí del mundo, por eso el mundo os odia. Acordaos de la palabra que os dije: «El siervo no es mayor que su señor.» Si me persiguieron a mí, también os perseguirán a vosotros. Si guardaron mi palabra, también guardarán la vuestra. Pero todas estas cosas os harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió.

Lectio

Hay algo desconcertante en el camino de Pablo. Quería predicar en Asia, y el Espíritu se lo prohibió. Intentó entrar en Bitinia, y de nuevo encontró una puerta cerrada. No fue su estrategia ni su entusiasmo lo que lo llevó a Macedonia, sino una visión nocturna, un hombre que suplicaba ayuda. Cuántas veces confundimos los caminos cerrados con el fracaso, cuando en realidad son la mano suave de Dios redirigiéndonos hacia donde verdaderamente nos espera. El Espíritu no siempre nos dice por dónde sí, a veces solo nos cierra el por dónde no, y nos pide la humildad de seguir caminando en la oscuridad hasta que aparezca la luz.

Y en medio de esa obediencia que avanza sin verlo todo, Jesús nos advierte que el mundo nos odiará. No es una promesa de comodidad la que recibimos al pertenecerle, sino la certeza de que el siervo no es mayor que su Señor. Pero el salmo nos sostiene: somos suyos, ovejas de su rebaño, hechos por sus manos. La pertenencia a Cristo trae consigo el rechazo del mundo, sí, pero también la ternura de saber que no caminamos solos ni a la deriva. Pablo no sabía a dónde iba, pero sabía de quién era. Esa certeza basta.

¿Qué puerta cerrada en tu vida has estado interpretando como un castigo o un fracaso, cuando quizá el Espíritu te está pidiendo que mires hacia otra Macedonia que aún no alcanzas a ver?

¿Hay algún lugar concreto —tu trabajo, tu familia, una amistad— donde sientes el rechazo o la incomprensión por seguir a Cristo, y qué te costaría hoy abrazar ese costo en lugar de suavizar quién eres para encajar?

Santo del día

Santa María del Monte Carmelo Rendiles

Ora lo lee en voz alta cada mañana, gratis. Ora