martes, 26 de mayo de 2026
Martes de la 8a semana del Tiempo Ordinario
Mark 10:28-31
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Primera lectura
1 Peter 1:10-16
Acerca de esta salvación, los profetas indagaron y escudriñaron diligentemente, ellos que profetizaron sobre la gracia que vendría a vosotros, buscando saber quién o qué tiempo señalaba el Espíritu de Cristo, que estaba en ellos, cuando predijo los sufrimientos de Cristo y las glorias que les seguirían. A ellos les fue revelado que no para sí mismos, sino para vosotros, administraban estas cosas, que ahora os han sido anunciadas por medio de aquellos que os predicaron la Buena Nueva por el Espíritu Santo enviado desde el cielo; cosas que los ángeles anhelan contemplar. Por tanto, preparad vuestras mentes para la acción, sed sobrios y poned toda vuestra esperanza en la gracia que se os traerá en la revelación de Jesucristo. Como hijos de obediencia, no os conforméis a vuestros antiguos deseos, como en vuestra ignorancia; sino que, así como es santo aquel que os llamó, sed también vosotros mismos santos en toda vuestra conducta; porque está escrito: «Seréis santos, porque yo soy santo.»
Salmo responsorial
Psalms 98:1,1-2,2-3
Canten al Señor un canto nuevo, porque ha hecho maravillas. Su diestra y su santo brazo le han dado la victoria. El Señor ha dado a conocer su salvación; ha revelado abiertamente su justicia a los ojos de las naciones. Se ha acordado de su amor y de su fidelidad hacia la casa de Israel. Todos los confines de la tierra han visto la salvación de nuestro Dios. Se ha acordado de su amor y de su fidelidad hacia la casa de Israel. Todos los confines de la tierra han visto la salvación de nuestro Dios. Aclamen al Señor con júbilo, toda la tierra; prorrumpan en cantos de alegría, sí, entonen alabanzas.
Evangelio
Mark 10:28-31
Pedro comenzó a decirle: «Mira, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido». Jesús respondió: «En verdad les digo que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o esposa, o hijos, o tierras, por mi causa y por causa de la Buena Nueva, que no reciba cien veces más ahora, en este tiempo: casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y tierras, junto con persecuciones; y en el tiempo venidero, la vida eterna. Pero muchos que son primeros serán últimos, y los últimos, primeros».
Lectio
Hay algo conmovedor en saber que los profetas escudriñaron, indagaron, anhelaron comprender una salvación que no era para ellos, sino para nosotros. Pasaron su vida sirviendo una promesa cuya plenitud no verían con sus propios ojos. Y sin embargo lo hicieron con fidelidad, sabiendo que administraban un don que florecería en otro tiempo, en otras manos. Hay una libertad escondida en esto: la de trabajar y amar sin necesitar recoger personalmente todos los frutos, confiando en que la gracia tiene su propio calendario.
Pedro, en cambio, parece todavía aprendiendo esa libertad. «Lo hemos dejado todo y te hemos seguido», dice, y bajo sus palabras se adivina una pregunta: ¿y qué recibiremos a cambio? Jesús no lo reprende, pero su respuesta reorienta toda la cuenta. Sí, recibirán cien veces más —casas, hermanos, madres, hijos— pero «junto con persecuciones». La recompensa del Evangelio nunca viene en estado puro; llega entremezclada con la cruz, porque esa es la única manera en que el amor verdadero se da. Y luego la advertencia que desarma todo cálculo: muchos primeros serán últimos. No basta con dejarlo todo si el corazón sigue midiendo, comparando, reclamando su lugar.
El salmo nos enseña la única respuesta que desactiva esa lógica del mérito: cantar. «Canten al Señor un canto nuevo, porque ha hecho maravillas.» No el canto de quien exige su parte, sino el de quien ya ha visto la salvación de Dios y simplemente se alegra. Ser santos «como él es santo» empieza, quizá, por dejar de llevar la cuenta y empezar a cantar.
¿Hay algún sacrificio que hiciste por seguir a Cristo y por el que, en el fondo, todavía esperas que alguien te reconozca o te lo devuelva?
¿En qué área de tu vida estás sirviendo o amando a alguien sin que llegues a ver el fruto, y puedes confiar, como los profetas, en que esa gracia es para otro tiempo y otras manos?
Santo del día
San Felipe Neri
Ora lo lee en voz alta cada mañana, gratis. Ora