miércoles, 26 de agosto de 2026
Miércoles de la 21a semana del Tiempo Ordinario
Matthew 23:27-32
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Primera lectura
2 Thessalonians 3:6-10,16-18
Ahora os mandamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que ande en rebeldía, y no según la tradición que recibieron de nosotros. Pues vosotros sabéis cómo debéis imitarnos. Porque no nos comportamos con rebeldía entre vosotros, ni comimos de balde el pan de nadie, sino que con trabajo y fatiga laboramos noche y día, para no ser una carga a ninguno de vosotros; no porque no tengamos el derecho, sino para daros a nosotros mismos como ejemplo, a fin de que nos imitarais. Porque aun cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: «Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma». Y que el mismo Señor de la paz os dé la paz en todo tiempo y de todas maneras. El Señor sea con todos vosotros. El saludo de mi propia mano, Pablo, que es la señal en toda carta: así es como escribo. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén.
Salmo responsorial
Psalms 128:1-2,4-5
Dichoso todo aquel que teme al Señor, que camina por sus sendas. Comerás del fruto del trabajo de tus manos. Serás feliz, y todo te irá bien. He aquí que así es bendecido el hombre que teme al Señor. Que el Señor te bendiga desde Sión, y contemples la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida.
Evangelio
Matthew 23:27-32
«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera aparecen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. Así también vosotros, por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad.
»¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque edificáis los sepulcros de los profetas y adornáis las tumbas de los justos, y decís: “Si hubiéramos vivido en los días de nuestros padres, no habríamos sido partícipes con ellos en la sangre de los profetas”. Así testificáis contra vosotros mismos que sois hijos de aquellos que mataron a los profetas. ¡Colmad, pues, la medida de vuestros padres!
Lectio
Hay algo desconcertante en la imagen que Jesús elige para describir a los fariseos: sepulcros blanqueados, hermosos por fuera, llenos de muerte por dentro. No los acusa de no hacer cosas buenas. Edificaban sepulcros a los profetas, adornaban las tumbas de los justos, cumplían escrupulosamente los ritos. El problema no era la fachada en sí, sino que la fachada se había convertido en toda la casa. Detrás de la piedra blanca no había nadie viviendo.
Y sin embargo Pablo, en la primera lectura, nos habla de lo contrario: de una vida donde el interior y el exterior coinciden. «Con trabajo y fatiga laboramos noche y día», dice, no para presumir, sino porque su gesto visible brotaba de algo verdadero por dentro. No pedía nada que él mismo no viviera. Ahí está la diferencia entre el sepulcro y la persona viva: no la perfección del exterior, sino que lo que se ve nazca de lo que realmente somos. El salmo lo llama sencillamente «comer del fruto del trabajo de tus manos» —una dicha honesta, sin dobleces, sin necesidad de blanquear nada.
Quizá la invitación de hoy no sea inspeccionar con angustia cada rincón de nuestra alma, sino preguntarnos con calma dónde estamos gastando energía en mantener una apariencia que ya no corresponde a lo que hay dentro. Porque el cansancio de blanquear tumbas es uno de los cansancios más solitarios que existen.
¿En qué relación o ámbito de tu vida estás sosteniendo hoy una imagen de ti mismo que ya no coincide con lo que llevas dentro, y qué te cuesta seguir sosteniéndola?
¿Hay algo bueno que haces por fuera —un servicio, un gesto, una devoción— que se ha vaciado por dentro y que hoy podrías, sin miedo, volver a llenar de verdad o dejar ir?
Santo del día
Santa María Jesús Crucificado Baouardy
Ora lo lee en voz alta cada mañana, gratis. Ora