jueves, 27 de agosto de 2026
Jueves de la 21a semana del Tiempo Ordinario
Matthew 24:42-51
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Primera lectura
1 Corinthians 1:1-9
Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Sóstenes, a la iglesia de Dios que está en Corinto; a los que han sido santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos, con todos los que en todo lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro: Gracia y paz a vosotros de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Siempre doy gracias a mi Dios por vosotros, por la gracia de Dios que os ha sido dada en Cristo Jesús; pues en él habéis sido enriquecidos en todo, en toda palabra y en todo conocimiento; así como el testimonio de Cristo fue confirmado en vosotros, de modo que no os falta ningún don, mientras aguardáis la revelación de nuestro Señor Jesucristo, quien también os confirmará hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, por quien fuisteis llamados a la comunión de su Hijo, Jesucristo, nuestro Señor.
Salmo responsorial
Psalms 145:2-3,4-5,6-7
Cada día te bendeciré. Alabaré tu nombre por los siglos de los siglos. ¡Grande es el Señor, y digno de suma alabanza! Su grandeza es insondable. Una generación alabará tus obras a otra generación, y proclamará tus hazañas poderosas. Meditaré en el glorioso esplendor de tu majestad y en tus obras maravillosas. Los hombres hablarán del poder de tus hechos admirables, y yo proclamaré tu grandeza. Pregonarán el recuerdo de tu inmensa bondad, y cantarán tu justicia.
Evangelio
Matthew 24:42-51
Velad, pues, porque no sabéis a qué hora vendrá vuestro Señor. Pero sabed esto: que si el dueño de la casa hubiera sabido a qué hora de la noche vendría el ladrón, habría velado y no habría permitido que forzaran su casa. Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que no esperáis vendrá el Hijo del Hombre.
«¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, a quien su señor puso al frente de su servidumbre para darles el alimento a su debido tiempo? Bienaventurado aquel siervo a quien, cuando venga su señor, lo halle haciéndolo así. En verdad os digo que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si aquel siervo malvado dijera en su corazón: “Mi señor tarda en venir”, y comenzara a golpear a sus compañeros de servicio, y a comer y beber con los borrachos, vendrá el señor de aquel siervo en un día que no espera y a una hora que no sabe, y lo hará pedazos, y le asignará su parte con los hipócritas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.
Lectio
Hay un hilo delicado que une estas lecturas: la fidelidad de un Dios que no se cansa de esperarnos, y la vigilancia con que nosotros aprendemos, poco a poco, a esperarlo a Él. Pablo escribe a una comunidad enriquecida "en todo don", pero su confianza no descansa en los talentos de los corintios sino en Otro: "Fiel es Dios, por quien fuisteis llamados." Antes de pedirnos nada, Dios ya se ha comprometido. Nuestra vigilancia no es la ansiedad de quien teme un examen sorpresa, sino la atención despierta de quien sabe que el Amado puede llegar en cualquier momento y no quiere perderse su llegada.
El Evangelio, sin embargo, no nos deja en la dulzura. La imagen del siervo que se dice en su corazón "mi señor tarda en venir" es incómodamente reconocible. No es que niegue a su señor; simplemente lo aleja lo suficiente como para vivir como si no importara, y esa distancia interior lo vuelve cruel con sus compañeros y descuidado consigo mismo. La infidelidad rara vez comienza con una gran traición. Comienza con una postergación silenciosa, con un "todavía hay tiempo" que nos permite bajar la guardia del amor.
Quizá por eso el salmo nos entrega la clave: "Cada día te bendeciré." La vigilancia cristiana no se sostiene con esfuerzo tenso, sino con una fidelidad pequeña y cotidiana, un volver el rostro hacia Dios cada mañana. El que bendice cada día no necesita temer la hora, porque ya está donde su Señor lo encontrará: en la mesa, dando el alimento a su debido tiempo.
¿En qué rincón concreto de tu vida has empezado a decirte "mi señor tarda en venir", permitiéndote una dureza o un descuido que no tolerarías si supieras que Él te mira ahora mismo?
¿A quién de las personas que dependen de ti hoy le debes ese "alimento a su debido tiempo" —una palabra, una presencia, un perdón— que has ido postergando?
Santo del día
Santa Mónica de Tagaste
Ora lo lee en voz alta cada mañana, gratis. Ora