viernes, 28 de agosto de 2026
Viernes de la 21a semana del Tiempo Ordinario
Matthew 25:1-13
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Primera lectura
1 Corinthians 1:17-25
Porque Cristo no me envió a bautizar, sino a anunciar la Buena Nueva; y no con sabiduría de palabras, para que no quedara sin valor la cruz de Cristo. Porque la palabra de la cruz es necedad para los que se pierden, pero para nosotros, los que somos salvados, es poder de Dios. Pues está escrito: «Destruiré la sabiduría de los sabios, y anularé la inteligencia de los inteligentes». ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este mundo? ¿No ha convertido Dios en necedad la sabiduría de este mundo? Pues ya que, en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios por medio de su sabiduría, plugo a Dios salvar a los que creen por medio de la necedad de la predicación. Porque los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: para los judíos, escándalo; y para los gentiles, necedad; mas para los que son llamados, tanto judíos como griegos, Cristo es poder de Dios y sabiduría de Dios. Porque la necedad de Dios es más sabia que los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que los hombres.
Salmo responsorial
Psalms 33:1-2,4-5,10,11
Alégrense en el Señor, ustedes los justos. La alabanza conviene a los rectos. Den gracias al Señor con la lira. Canten alabanzas a él con el arpa de diez cuerdas. Porque la palabra del Señor es recta. Toda su obra es hecha con fidelidad. Él ama la justicia y el derecho. La tierra está llena del amor misericordioso del Señor. El Señor reduce a la nada el consejo de las naciones. Hace que los pensamientos de los pueblos queden sin efecto. El consejo del Señor permanece firme para siempre, los pensamientos de su corazón por todas las generaciones.
Evangelio
Matthew 25:1-13
«Entonces el Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias, y cinco eran prudentes. Las necias, al tomar sus lámparas, no llevaron aceite consigo, pero las prudentes llevaron aceite en sus vasijas junto con sus lámparas. Como el esposo tardaba, todas se adormecieron y se durmieron. Pero a la medianoche se oyó un clamor: “¡Mirad! ¡El esposo viene! ¡Salid a su encuentro!” Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas. Las necias dijeron a las prudentes: “Dadnos de vuestro aceite, porque nuestras lámparas se apagan.” Pero las prudentes respondieron, diciendo: “No sea que no alcance ni para nosotras ni para vosotras; id más bien a los que venden y comprad para vosotras mismas.” Mientras ellas iban a comprar, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas, y la puerta se cerró. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: “Señor, Señor, ábrenos.” Pero él respondió: “En verdad os digo que no os conozco.” Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora en que viene el Hijo del Hombre.
Lectio
Hay una necedad que salva y una prudencia que se pierde, y las lecturas de hoy nos invitan a discernir cuál es cuál. Pablo predica un Cristo crucificado que al mundo le parece locura, mientras que en el Evangelio las vírgenes «prudentes» son precisamente las que el Señor alaba. No es contradicción: es que la sabiduría de Dios reordena por completo lo que llamamos inteligencia. Lo verdaderamente necio, a los ojos del cielo, es vivir sin aceite, es decir, vivir aplazando lo esencial, confiando en que siempre habrá tiempo, en que a la medianoche alguien nos prestará lo que no cultivamos en el silencio de los días ordinarios.
Y ahí está lo más incómodo del relato: el aceite no se puede pedir prestado. La fe que se ha ido llenando en la oración cotidiana, en los pequeños actos de fidelidad que nadie ve, en la relación real con el Esposo, no es transferible en el último momento. Las cinco vírgenes necias no eran malas; simplemente vivían como si el encuentro no fuera a llegar, o como si pudiera improvisarse. Su lámpara estaba, pero vacía. Cuántas veces mantenemos la forma —la lámpara, las apariencias de una vida creyente— sin ir llenando por dentro lo que le da luz.
El «no os conozco» del final no es un rechazo caprichoso, sino la verdad desnuda de una relación que nunca se cultivó. No se puede conocer a quien nunca hicimos espacio. Y sin embargo el salmo nos recuerda que la tierra está llena de su amor misericordioso: el Esposo no llega para atraparnos, sino porque desea entrar con nosotros a las bodas.
¿Qué parte de tu vida de fe es hoy solo lámpara vacía —una forma que mantienes sin aceite dentro— y qué gesto concreto podrías hacer esta semana para empezar a llenarla?
¿En qué asunto importante estás viviendo ahora mismo como si tuvieras todo el tiempo del mundo, aplazando una conversación, un perdón o una decisión que en el fondo sabes que no se puede pedir prestada a última hora?
Santo del día
San Agustin de Hipona
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