lunes, 1 de junio de 2026

Lunes de la 9a semana del Tiempo Ordinario

Mark 12:1-12

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Primera lectura

2 Peter 1:2-7

Gracia y paz os sean multiplicadas en el conocimiento de Dios y de Jesús nuestro Señor, pues su poder divino nos ha concedido todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su propia gloria y virtud; por las cuales nos ha otorgado sus preciosas y grandísimas promesas, para que por medio de ellas lleguéis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo escapado de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia. Y por esta misma razón, poniendo de vuestra parte toda diligencia, añadid a vuestra fe la excelencia moral; y a la excelencia moral, el conocimiento; y al conocimiento, el dominio propio; y al dominio propio, la perseverancia; y a la perseverancia, la piedad; y a la piedad, el afecto fraternal; y al afecto fraternal, el amor.

Salmo responsorial

Psalms 91:1-2,14-15,15-16

El que habita al amparo del Altísimo descansará a la sombra del Todopoderoso. Diré del Señor: «Él es mi refugio y mi fortaleza; mi Dios, en quien confío». «Porque ha puesto en mí su amor, yo lo libraré. Lo pondré en alto, porque ha conocido mi nombre. Me invocará, y yo le responderé. Estaré con él en la tribulación. Lo libraré y lo honraré. Me invocará, y yo le responderé. Estaré con él en la tribulación. Lo libraré y lo honraré. Lo saciaré de larga vida, y le mostraré mi salvación».

Evangelio

Mark 12:1-12

Comenzó a hablarles en parábolas. «Un hombre plantó una viña, la rodeó con un cerco, cavó un lagar, edificó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó a otro país. Cuando llegó el tiempo, envió un siervo a los labradores para recibir de ellos su parte del fruto de la viña. Pero ellos lo tomaron, lo golpearon y lo despidieron con las manos vacías. De nuevo les envió otro siervo; y a este lo apedrearon, lo hirieron en la cabeza y lo despidieron tratándolo con afrenta. Envió todavía a otro, y a este lo mataron; y a muchos otros, golpeando a unos y matando a otros. Le quedaba aún uno: su hijo amado. A este lo envió por último, diciendo: "Respetarán a mi hijo". Pero aquellos labradores se dijeron entre sí: "Este es el heredero. Vengan, matémoslo, y la herencia será nuestra". Lo tomaron, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña. ¿Qué hará, entonces, el señor de la viña? Vendrá y destruirá a los labradores, y dará la viña a otros. ¿No han leído acaso esta Escritura: "La piedra que desecharon los constructores, esa misma vino a ser la piedra angular. Esto vino del Señor, y es maravilloso a nuestros ojos"?». Trataban de apoderarse de él, pero temían a la multitud, pues se dieron cuenta de que había dicho la parábola contra ellos. Y dejándolo, se fueron.

Lectio

Hay una generosidad desconcertante en las lecturas de hoy. Pedro nos recuerda que el poder divino *ya* nos ha concedido todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad; somos, increíblemente, invitados a ser «participantes de la naturaleza divina». No nos toca producir esa vida desde la nada, sino acogerla y dejar que crezca peldaño tras peldaño: de la fe a la virtud, al conocimiento, al dominio propio, a la perseverancia, hasta llegar al amor. Es una escalera que se sube despacio, con diligencia paciente, no de un salto.

La parábola de los viñadores es la sombra oscura de esa misma verdad. También a ellos se les confió una viña ya plantada, ya cercada, ya equipada con su lagar y su torre. No tuvieron que construirla; solo cuidarla y devolver su fruto a su tiempo. El pecado de los labradores no fue la pereza, sino la posesividad: confundieron el don con la propiedad, el préstamo con la herencia, y por aferrarse a lo que no era suyo terminaron rechazando al mismo Hijo. Cuántas veces nosotros también tratamos lo recibido —la fe, los dones, las personas, la vida misma— como algo que poseemos por derecho, en lugar de como una viña que se nos confía.

Y sin embargo, el salmo respira ternura sobre toda esta exigencia: «Estaré con él en la tribulación. Lo libraré y lo honraré». El Dueño de la viña no es un cobrador implacable, sino un refugio. La invitación de hoy no es a producir más por miedo, sino a habitar al amparo del Altísimo, a confiar tanto en su amor que el fruto brote casi sin darnos cuenta.

¿Qué don concreto en tu vida —una relación, un talento, una vocación— has empezado a tratar como propiedad tuya en lugar de como una viña que el Señor te confió para devolverle fruto?

Cuando llega la tribulación que mencionas en el salmo, ¿corres realmente a refugiarte en Dios como tu fortaleza, o te has acostumbrado a enfrentarla solo, como si nadie estuviera contigo en ella?

Santo del día

San Aníbal María Di Francia

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