domingo, 12 de julio de 2026
15o domingo del Tiempo Ordinario
Matthew 13:1-23
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Primera lectura
Isaiah 55:10-11
Porque así como descienden la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá, sino que riegan la tierra, y la hacen germinar y brotar, y dan semilla al que siembra y pan al que come; así será mi palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que cumplirá aquello que yo deseo, y prosperará en aquello para lo cual la envié.
Salmo responsorial
Psalms 65:9,10,11-12,13
Los que habitan en lugares remotos temen ante tus maravillas. Tú haces que canten de júbilo la aurora de la mañana y el atardecer. Tú visitas la tierra y la riegas. La enriqueces abundantemente. El río de Dios está lleno de agua. Tú les provees el grano, pues así lo has dispuesto. Empapas sus surcos. Allanas sus terrones. La ablandas con lluvias. La bendices con sus frutos. Coronas el año con tu bondad. Tus caminos rebosan de abundancia. Rebosan los pastos del desierto. Las colinas se visten de alegría.
Segunda lectura
Romans 8:18-23
Pues considero que los sufrimientos del tiempo presente no son dignos de compararse con la gloria que se ha de revelar en nosotros. Porque la creación aguarda con anhelo ardiente la manifestación de los hijos de Dios. Pues la creación fue sometida a la vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa de aquel que la sometió, en la esperanza de que también la creación misma será liberada de la esclavitud de la corrupción para entrar en la libertad de la gloria de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime y sufre dolores de parto hasta ahora. Y no solo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.
Evangelio
Matthew 13:1-23
Aquel día, Jesús salió de la casa y se sentó junto al mar. Se reunieron alrededor de él grandes multitudes, de modo que subió a una barca y se sentó, mientras toda la multitud permanecía de pie en la orilla. Y les habló de muchas cosas en parábolas, diciendo: «He aquí, un sembrador salió a sembrar. Y al sembrar, algunas semillas cayeron junto al camino, y vinieron las aves y las devoraron. Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no tenían mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra no era profunda. Pero cuando salió el sol, se quemaron, y como no tenían raíz, se secaron. Otras cayeron entre espinos, y los espinos crecieron y las ahogaron. Otras cayeron en buena tierra y dieron fruto: unas cien veces más, otras sesenta, y otras treinta. El que tenga oídos para oír, que oiga».
Los discípulos se acercaron y le dijeron: «¿Por qué les hablas en parábolas?».
Él les respondió: «A vosotros se os ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no se les ha concedido. Porque al que tiene, se le dará, y tendrá en abundancia; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Por eso les hablo en parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden. En ellos se cumple la profecía de Isaías, que dice:
“Oyendo oiréis, y de ningún modo entenderéis;
y mirando miraréis, y de ningún modo percibiréis;
porque el corazón de este pueblo se ha endurecido,
con sus oídos oyen pesadamente,
y han cerrado sus ojos;
no sea que vean con sus ojos,
oigan con sus oídos,
entiendan con su corazón,
y se conviertan,
y yo los sane”.
»Pero dichosos vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. Pues de cierto os digo que muchos profetas y hombres justos desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron.
»Escuchad, pues, vosotros la parábola del sembrador. Cuando alguien oye la palabra del Reino y no la entiende, viene el maligno y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino. El que fue sembrado en terreno pedregoso es aquel que oye la palabra y al instante la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí mismo, sino que dura solo un tiempo, y cuando llega la tribulación o la persecución por causa de la palabra, en seguida tropieza. El que fue sembrado entre los espinos es aquel que oye la palabra, pero las preocupaciones de este mundo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y queda sin fruto. Mas el que fue sembrado en buena tierra es aquel que oye la palabra y la entiende; este de cierto da fruto y produce: unos cien veces más, otros sesenta, y otros treinta».
Lectio
Hay una paciencia escondida en la creación que nos cuesta imitar. La lluvia y la nieve no regresan al cielo sin antes empapar la tierra; descienden, desaparecen, parecen perderse en el surco, y solo después brota el pan. La palabra de Dios obra así: no con la prisa que exigimos, sino con la lentitud fiel de lo que germina bajo tierra, donde nadie ve. Isaías nos asegura que esa palabra no vuelve vacía, pero no nos promete que veremos el fruto cuando nosotros queramos verlo.
El Evangelio, sin embargo, nos hace una pregunta incómoda: la semilla es siempre buena, generosa, derrochada por el Sembrador sin medir el terreno. La diferencia no está en la simiente, sino en la tierra que somos. Pedregales que reciben con entusiasmo pero sin raíz; espinos donde las preocupaciones y «el engaño de las riquezas» ahogan lentamente lo sembrado; caminos endurecidos donde la palabra ni siquiera penetra. No es un examen de méritos, sino una invitación a mirar honestamente qué clase de suelo le ofrecemos hoy a Dios.
Y mientras tanto, dice san Pablo, toda la creación gime con dolores de parto, y nosotros con ella. Quizá ese gemido sea precisamente la señal de que algo verdadero crece en nuestro interior. No toda espera es vacía; hay esperas que son gestación. Los sufrimientos del presente, lejos de contradecir la gloria prometida, son los dolores que la anuncian. El cristiano no es quien no sufre, sino quien aprende a reconocer en su quebranto la promesa que aún no se ha revelado del todo.
¿Qué «espinos» concretos —qué preocupación, qué ansiedad por el dinero o la seguridad— están ahogando ahora mismo en ti una palabra que un día recibiste con auténtica alegría?
¿En qué área de tu vida estás exigiendo ver fruto de inmediato, cuando tal vez Dios te pide la paciencia de la semilla enterrada, gimiendo con la creación en una espera que en realidad es gestación?
Santo del día
Santos Fortunato y Hermágoras
Ora lo lee en voz alta cada mañana, gratis. Ora